Damián miró al sol elevarse y acabar, sin previa advertencia, con su amada madrugada.
-¡Puta mierda!- dijo y bebió de prisa la última copa de vino. Ese vino barato con el que solía entrar en calor y que lo predisponía tan positivamente para según fuera el caso, matizar sus discusiones filosóficas o sus tertulias literarias y que ella siempre rechazaba con amabilidad.
La niebla se deslizaba lenta entre las lápidas, la brisa se entretenía despeinando algunas flores silvestres. Ambos se levantaron y caminaron en la misma dirección en silencio, sin que ella lo mirara ni se diera cuenta de que el la miraba como la miraba siempre, de reojo, como temiendo que desapareciera al mínimo descuido, como si el mismo aire que fastidiaba a las flores la pudiera arrebatar de su lado.
Le atormentaba el terrible deseo de tomarle la mano, sentirla segura, cálida, palpitante, real, pero eso sería demasiado. ¿Tomar su mano en un arrebato de pasión, sin pedirlo, tomarla por sorpresa, más allá de toda predicción, entrelazar los dedos y estrecharla con tal firmeza que ni el poderoso huracán pudiera separarlos?
No, el no era así, había aprendido a racionalizarlo todo, posibilidades, ramificaciones, consecuencias, nunca actuaba por impulso, se relacionaba sin correr riesgo, sin jugarse la piel. Operaba mediante un complicado sistema que burocratizaba hasta el mínimo gesto afectivo de una relación interpersonal.
Así que caminaron distantes, como en polos opuestos de un planeta vaporoso y sombrío.
Después de un rato el se sorprendió a si mismo rompiendo el silencio:
-¿Cómo se hace para no encariñarse?
-Encariñarse no es malo, respondió ella con una sonrisa que ridiculizaba la belleza del amanecer.
-¿No es malo? Preguntó el y arrugó la frente.
-No, encariñarse no es malo, encariñarse, ENCARIÑARSE NO ES MALO, lo malo es… se detuvo pensativa.
-Lo subrayás tanto que vas a romper la hoja, ¿Que es lo malo entonces?
-Te queda de tarea, sonrió de nuevo.
-¿Enamorarse, es enamorarse lo que es realmente malo? Su rostro se apagó.
-Exacto, eso es lo malo, ¿pero que mirada es esa?
-Y ¿Cómo se hace para no enamorarse?, tuvo que contener el llanto, ella lo notó pero disimuló con maestría.
-Simplemente no se hace, no andás por ahí enamorándote de la primera chica que parezca salida de tus sueños, no es sano, no es inteligente, pero ya, no te pongás así.
¡La vida es bella!
Llegaron por fin al lugar, la vieja cripta donde la había visto por primera vez, donde se encontraban todas las noches y donde se despedían todas las mañanas desde hacia tanto tiempo.
El seguía como poseído por las palabras de un viajero medio loco que estuvo las tarde anterior en el pueblo: “El mundo es aquí y ahora, las cosas que no hagas hoy, probablemente no las podrás hacer mañana, no existe futuro y el pasado es inútil, la vida no es mas que un presente eterno, el momento es ahora, el mañana es un terrible misterio aun para los dioses”
-¿Qué te pasa, por que todavía tienes esa carita?
-El mundo es aquí y ahora, no hay futuro, no hay mañana…
-Se nos puso fatalista el niño, mirá claro que hay mañana pensalo un segundo, hoy es el mañana del ayer, tu presente eterno no dura mas que un momento, menos que eso, de hecho, vivimos en el futuro. ¿Lo escuchás? Tu amado esqueleto sigue tocando sin contar lunas ni soles, el sabe perfectamente que el tiempo solo es…
No pudo terminar la frase.
-¡Las cosas que no haga hoy no las haré nunca, la vida es aquí y ahora!, parecía contener un impulso demasiado poderoso, como si el rostro estuviera a punto de estallarle, aquí y ahora, se repetía. La niebla comenzó a disiparse.
-¡Te amo! Gritó.
Contra todas sus precauciones, contra todo lo que podría esperarse de el, la tomó de la mano, la estrechó en sus brazos y la besó, como nunca había besado a nadie, como nunca la habían besado antes.
De haber estado viva el hubiera sentido sus latidos, si respirar fuera necesario para ella, su aliento hubiese llegado calido a la mejilla sonrojada.
El ardor inexplicable de sus labios incineró todas las dudas, después de ese beso ella le sonrió y comenzó a desvanecerse.
-Hasta la noche corazón, soñá bonito.
-Si, respondió el, cerró los ojos e hizo una mueca, la luz del sol, demasiado fuerte ya, le dio en la cara.
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jueves 10 de abril de 2008
Cementerio 2
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2 comentarios:
Antes se lo dije, pero lo diré otra vez... Me hizo recordar a El cadáver de la novia. :D
¡Ya quiero leer la tercera parte! ¡Éxitos!
jaja, yo pensé en el Cádaver de la novia también..y en Efitafio, de Mal país... en el violín tan bien escrito en esos silencios de cementerio que gritan tan fuerte...
Muchos saludos!!
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